Aprender es hacer y preservar Cultura

Mtro. Jorge Daniel Alcántara León

Mtro. José Antonio Robledo y Meza

La vida de una universidad tiene que ser, sustancialmente, ejercicio del pensamiento; pero de un pensamiento que no se conciba a sí mismo con un fin en sí, sino como pensamiento para la comunidad en sus diversos niveles (estatal, nacional y universal).

Adolfo Sánchez Vázquez[1]

Resumen:

A partir del lema de la BUAP “Pensar Bien Para Vivir Mejor” derivamos reflexiones que nos permiten formular algunas propuestas en torno a la definición de políticas en materia de difusión cultural.

Introducción

Incertidumbres es lo que tenemos frente a nosotros. Frente a estas incertidumbres se consolida nuestra creencia de que un mundo mejor es posible porque nos proponemos que así sea y actuamos en consecuencia. Esta creencia y esta actitud la compartimos quienes hemos decidido participar desde las instancias de la difusión cultural en la BUAP. Nuestras tareas las sintetizamos así: hacer posible lo imposible, hacer factible lo in factible. Así pues, este mundo será mejor porque nos hemos propuesto que así sea y actuamos y actuaremos para convencer a otros de que se sumen en la empresa de construir un mundo mejor para los seres humanos, sin exclusión alguna.

Aprender a hacer y preservar la cultura

Cualquier valor que se nos proponga para orientar nuestra acción la someteremos a la más severa crítica. Ningún valor de los que predicamos y por los que pugnamos, como son, por ejemplo, “la democracia”, “el orden”, “la equidad”, “la libertad”, “la justicia social”, “la paz” y “la armonía” deben quedar exentos de crítica. Debemos asegurarnos que la noción “bienestar para todos” sea la base de nuestra manera de vivir, de convivir, de dirigir nuestras acciones individuales y colectivas tanto a nivel local, nacional o internacional.

La cultura es un bien social; pero también es un derecho social. Todos los ciudadanos tenemos derecho a la cultura, a cultivarnos, a ser, a existir de una determinada manera. Estamos inmersos y formamos parte de una expresión cultural, en su sentido más amplio. Por ello, las instituciones de educación superior al relacionarse con su entorno, con la sociedad de la que forman parte, pretenden hacer partícipe a esa sociedad de los productos de su quehacer docente y de investigación, configurando así una función más: la extensión y la difusión cultural.

En el caso de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla su legislación precisa dicha función. El artículo 7 fracción IV del Estatuto Orgánico señala que dentro de sus fines la Universidad “Acrecentará, conservará y difundirá la cultura universal y la nacional en sus diversas expresiones, sin discriminación de carácter ideológico o político”. Asimismo el artículo 17 del mismo Estatuto dice:

“Los planes, programas y actividades que la Universidad desarrolle en el ámbito de la extensión y difusión de la cultura se sustentarán en los siguientes postulados:

I. Por su naturaleza, la extensión y difusión de la cultura es función sustantiva cuyo propósito es proyectar las transformaciones que se producen en la institución (el subrayado es nuestro) y en la sociedad, integrándolas y retroalimentándolas con un sentido de corresponsabilidad.

II. La extensión y difusión de la cultura promoverá la educación y la cultura en toda la sociedad, contribuirá a su desarrollo, preservará su identidad y divulgará las principales expresiones de la cultura universal.

III. Sus áreas estratégicas serán la difusión, divulgación y promoción de la cultura, el arte y el conocimiento.

IV. La extensión y difusión de la cultura aprovechará las fortalezas institucionales para el desarrollo de sus tareas y para multiplicar sus resultados e impactos”[2]

Asumida la difusión de la cultura como una función substantiva debemos atribuir al concepto cultura su significado más amplio, de tal manera que comprenda las manifestaciones más plurales y diversas del quehacer individual y colectivo, procurando hacer extensiva la labor institucional a todos los grupos y segmentos sociales.

En este sentido debemos trabajar para hacer posible los cambios fundamentales de nuestros estilos de vida y nuestros comportamientos, individuales e institucionales. Lo que enseñamos y aprendemos por medio de la educación juega un papel preponderante y lo que aprendemos y aprenden los demás por medio de nuestra enseñanza es lo que constituye la cultura. Así que, si algo anda mal es por causa de nuestra cultura y, por lo tanto, si queremos que algo marche bien es necesario realizar cambios en nuestra cultura. Lo que aprendamos hoy será la base de la cultura del mañana y de esa cultura dependerá lo que el mundo sea en el futuro.

¿Por dónde comenzar a cambiar? Es una pregunta clave que puede transformarse en ¿Qué hay que aprender hoy?

Esta pregunta no tiene una única respuesta. La respuesta depende de qué modelo de sociedad queremos y dónde se ponga el énfasis. En nuestras actuales circunstancias es conveniente ponerlo en todos los seres humanos sin exclusión alguna.

El marco de nuestro análisis es la realidad poblana contemporánea. Los poblanos debemos apostar por un modelo de sociedad en el que es posible el bien vivir porque se apoya en los mejores elementos de juicio, esto es, del pensar bien. Consideramos que el lema de la BUAP “Pensar Bien para Vivir Mejor” es una plataforma de ideas fuerza para construir un modelo de sociedad futura. Ésta es una apuesta difícil, pues la cohesión social se enfrenta a un excesivo individualismo, a un excesivo valor instrumental, a una excesiva confianza en que alguien ajeno a nosotros mismos se encargará de hacer las cosas. Los niveles de incertidumbre y la situación de riesgo que esto genera hacen difícil responder a la pregunta de ¿qué hay que aprender? No obstante, para ser feliz en esta sociedad es necesario aprender a ser una persona y a construirse, a constituirse como persona –sin que esto se separe de la necesaria formación para la eficacia–. También es necesario evitar las situaciones de exclusión social y no permitir que en las escuelas, por ejemplo, se formen personas que excluyan a otros de la sociedad del pensar bien para vivir mejor. La Puebla metrópoli de la cultura debe aceptarse como una sociedad del pensar bien porque sus ciudadanos saben buscar información y están habilitados para disponer de esa información de una manera eficaz, es decir, a dotarla de significación; y esto no se improvisa, requiere de una formación que incluya el saber hacer, el saber aprender, el saber pensar Con la información significativa los poblanos vamos a poder mejorar nuestra habilidad para formular problemas y buscarles solución. Estudiar, investigar y difundir los resultados de ambas tareas es prioritario en el camino de construir una sociedad del pensar bien para aspirar a una vida mejor.

Si tenemos en cuenta que la información hoy se duplica cada 24 meses y que en diez años se duplicará en sólo 80 días, es secundario tener una formación enciclopédica, porque no nos llevaría a ningún sitio y, como objetivo de aprendizaje, no tiene sentido.

Lo que es importante es saber seleccionar la información y darle un sentido. Para lograrlo, se requiere:

- Organización del tiempo, que se está convirtiendo en una necesidad y en un objetivo educativo.

- Buena selección de métodos y contenidos, que incluye el esfuerzo de aceptar que las culturas son las mejores fuentes y soportes para encontrar buenos contenidos.

- Niveles de exigencia y de esfuerzo, de rigor en el cumplimiento de una serie de objetivos, teniendo en cuenta tiempos y procesos de aprendizaje diferentes.

- Pensar históricamente, comprender que no existe un fin al que se encamine inexorablemente la humanidad, sino que el presente es un proceso resultante de las acciones pasadas articuladas con la praxis presente; es decir, el hombre construye su propia historia.

En la Puebla como metrópoli de la cultura del pensar bien es necesario que las personas sean alfabetizadas en muchos aspectos, por ejemplo, con una serie de conocimientos sobre el impacto social y ético del desarrollo tecnológico, que antes no eran necesarios, pero también en el estudio del arte, la historia y la filosofía que siempre han sido necesarios pero que ahora ocupan un lugar secundario de la cultura cotidiana y en la educación escolarizada.

Es importante que los ciudadanos aprendamos a dominar la organización de tiempo, porque, por ejemplo, hoy existen muchos trabajos que no se desarrollan por tiempo ocupado sino por objetivos cumplidos. Las personas requerimos de más espacios para ocupar nuestro tiempo libre que nos permitan construirnos como personas.

También es necesario que aprendamos a emprender, a implicarnos en objetivos colectivos; a crear empresa en sentido amplio, es decir, animar, animarse, tener ideas y poderlas tirar adelante. Nuevamente el pensar bien se convierte en un buen medio para un vivir mejor. Es a través de esta dinámica que se puede crear capital social y competitividad, esto es, una cultura del bien pensar.

Ahora bien, se requiere una sensibilidad amplia en diferentes planos. En el plano cultural (ciencia, arte, cultura), promoviendo que las personas se pongan en contacto con estas realidades, En el plano moral, que como programa para la acción es muy importante en este modelo de sociedad ya que ella será la pauta para que hagamos más bien ciertas cosas que otras, ya que ellas perfeccionan nuestro modo de pensar y, por lo tanto, contribuyen más a nuestra felicidad. Y en el plano del saber, es necesario atender a culturas y realidades del contexto de cada persona.

En resumen, las competencias básicas que requieren los nuevos ciudadanos son:

· Actuar de manera libre y autónoma

· Utilizar recursos de manera interactiva

· Actuar en grupos socialmente heterogéneos

Todo este aprendizaje deberá promoverse a través de una política de difusión cultural. Sin prejuicios deberán realizarse actividades que promuevan lo que hace cada universitario y cada ciudadano como producto de su bien pensar. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta sociedad no siempre ha hecho lo posible para que las personas puedan estar en condiciones de aprender, porque hay grandes diferencias y desigualdades.

Por ello, es necesario cambiar las condiciones políticas y sociales de la sociedad para que este aprendizaje pueda realizarse. Y puede comenzarse modificando la política de la difusión cultural para hacer llegar los beneficios a todos sin exclusión alguna.

Frente a la educación para el fracaso –sociedad del pensamiento limitado-, es necesaria la aceptación de que existen hoy limitaciones que pueden romperse, aceptar que las diferencias individuales pueden jugar a favor del bien pensar, aceptar que a pesar de estas limitaciones podemos crear un ambiente rico de amistades y tejer a su alrededor esquemas de referencia estables (rigor, constancia, estudio, etc.). Y frente al exceso de información, quizá pueda ser útil crear intereses por cosas concretas y crear aficiones. Si bien hay muchas ideas por donde iniciar el cambio, las acciones deben comenzar por un cambio en nuestros sistemas conceptuales y por las instituciones que tienen por función aprenderlos, analizarlos y transformarlos. Ese es el papel histórico que han tenido las universidades dignas de ese nombre. No es gratuito que el actual estado de cosas que prevalece en la sociedad y que apunta a una desintegración social sea fiel consecuencia de lo que existe en nuestras universidades. Nuestras universidades deben reformarse para hacer depender nuestras decisiones de lo que está justificado por la propia investigación y por el conocimiento científico. No otra cosa es el pensar bien.

Pero ¿qué sabemos lo que producen los universitarios si son casi inexistentes los canales de difusión o están distorsionados por intereses de grupo? Tal y como hoy está organizada y funciona la BUAP ¿es lo mejor que los universitarios podemos hacer?

Conclusiones

Nadie está satisfecho con el mundo tal como está y, por supuesto, que existe inconformidad por como se encuentra la BUAP el día de hoy. Pero ¿es suficiente el quejarse? Afirmamos que podemos hacer mucho, pero mucho más que simplemente quejarnos. Podemos, por ejemplo, hacer propuestas justificadas, viables, y darnos a la tarea de concretarlas; organizarnos con trabajadores, estudiantes, docentes e investigadores para articular las actividades culturales de la institución con las otras funciones substantivas, a saber, la docencia y la investigación. Crear redes de promoción cultural para proyectar al interior y al exterior de la Universidad los productos de la investigación científica, de la creación artística, de la actividad deportiva. Nuestra propuesta apunta a que la acción de difusión cultural impregne todos los espacios institucionales y se inserte en la formación profesional de los estudiantes, cualesquiera que sea su área de conocimiento.

Pero generar un cambio en las actitudes y en el comportamiento de los universitarios, reafirmar un sistema de valores que considere la libertad, la democracia, la gratuidad de la educación, la equidad y la justicia como principios indeclinables es una tarea que requiere reflexionar para reformular el modelo educativo En nuestro caso hemos propuesto que el nuevo modelo académico de la BUAP tenga como propósito la formación de pensadores[3], es decir generar ciudadanos capaces de formarse una opinión propia, de formular preguntas y problemas sobre su entorno, así como encontrar posibles respuestas y soluciones.

Es desde esa plataforma de ideas que derivaremos la propuesta sobre la política en qué debe consistir la difusión de la cultura en una institución pública como lo es la BUAP.

Política general

Este programa tendría como propósito central impulsar las actividades realizadas por los miembros de las unidades académicas de la Institución orientadas a la transmisión, creación, rescate, preservación y divulgación de la cultura propia y universal a niveles regional, nacional e internacional. En este ámbito, la BUAP ha acumulado una larga experiencia, especialmente en la difusión artística y cultural, pero no así de sus logros académicos por lo que será necesario reflexionar sobre la trayectoria institucional y los logros acumulados, con el propósito de buscar nuevas formas que amplíen y enriquezcan el desarrollo de esta función. Al igual que en el ámbito de la extensión universitaria, se promoverá el estudio de los modelos de difusión cultural desarrollados por otras Instituciones de educación superior nacionales o extranjeras, que puedan servir de referencia para revisar y perfeccionar el modelo interno.

Políticas específicas

Difusión de los saberes y conocimientos humanísticos, científicos y tecnológicos.

Se impulsarán las actividades de comunicación y divulgación de la producción humanística, científica y tecnológica que se generen tanto en la BUAP como en instituciones nacionales y extranjeras; para ello se buscará la participación activa del personal académico y de los estudiantes universitarios, así como el uso de diferentes medios de comunicación.

Se coordinarán la planeación, promoción, seguimiento y evaluación de los programas de difusión realizados por las distintas entidades universitarias; de manera particular se buscarán mecanismos que hagan claro y accesible los saberes y conocimientos humanísticos, científicos y tecnológicos a niños y jóvenes, con el objetivo de fomentar actitudes favorables hacia la formación de una cultura integral.

Difusión artística y académica

La labor de difusión artística -entendida como una de las expresiones universitarias más consolidadas, prestigiadas y diversificadas-, impulsará y fortalecerá las actividades de los grupos artísticos y su proyección en los ámbitos regional, nacional e internacional, al constituirse como un componente importante de la imagen de la BUAP. Al mismo tiempo deberán iniciarse actividades tendientes a difundir los resultados académicos de la comunidad universitaria.

Se apoyarán programas de capacitación y superación académica para los directores y ejecutantes de los grupos artísticos, con el objetivo de elevar sus niveles de creación y ejecución. También se mejorará la administración y se promoverá el autofinanciamiento de las actividades cuyas características lo permitan, además de fomentar la superación del personal técnico, administrativo y de promoción de los grupos artísticos para mejorar su participación en el apoyo a las actividades de las diferentes agrupaciones.

La divulgación artística comprenderá el impulso a programas de difusión a nivel didáctico, que propicien el acercamiento de un mayor número de integrantes de los diversos sectores de la sociedad al arte.

Todo lo anterior vale para los académicos interesados a invertir parte de su tiempo de trabajo a difundir sus propios logros o el de sus compañeros.

Bibliografía

ALONSO Tapia, Jesús, 1987, ¿Enseñar a pensar? Perspectivas para la educación Compensatoria, Madrid, Centro Nacional de Investigación y Documentación Educativa.

ALSINA, F.A., 1989, La imaginación razonada. Madrid, Mondadori.

BUAP, “Ley de la Benemérita UAP” y “Estatuto Orgánico”.

CLAXTON, G.,,1987, Vivir y aprender. Psicología del desarrollo y del cambio en la vida cotidiana. Madrid, Alianza Psicología.

DEARDEN, R.T., Hirst, P.H., y Peters, R.S., 1982, Educación y desarrollo de la razón. Formación del sentido crítico. Madrid, Narcea.

DAVIS, P.J. y Hersh, R., 1989, El sueño de Descartes. Barcelona, Labor/MEC.

NICKERSON, R.S., Perkins, D.N. y Smith, E.E., 1985, Enseñar a pensar. Barcelona, Paidós/MEC.

NOVAK, D. y Govin, B., 1988, Aprender a aprender. Martínez Roca.

RAZ, J., 1986, Razonamiento práctico. México, F.C.E.

ROBLEDO y Meza, José Antonio y Daniel ALCÁNTARA León, “Modelo académico basado en la formación de pensadores”, ponencia presentada en el foro: “Actualización del modelo académico y educativo para la BUAP”, noviembre 2005.

WOOD, L.E., 1986, Estrategias de pensamiento. Barcelona, Labor.

Puebla de Zaragoza, octubre, 2006.

Barrio de San José, Centro Histórico




[1] Adolfo Sánchez Vázquez, “La razón amenazada”, Al recibir por parte de la BUAP el grado de Doctor Honoris Causa, el 22 de junio 1984.

[2] Estatuto Orgánico de la BUAP, artículo 7.

[3] José Antonio Robledo y Meza y Daniel Alcántara León, “Modelo académico basado en la formación de pensadores”, ponencia presentada en el foro: “Actualización del modelo académico y educativo para la BUAP”, noviembre 2005.